MADRE

Madre, en ti recae mi esperanza de que leas esta carta con la total sensatez que pueda expresar tu persona; que no es como cualquier lectura en donde lees, la entiendes, la resumes y sacas conclusiones. No lo veo así porque tratándose de nuestras vidas, no creo que sea fácil de entenderse a la primera; y digo esto porque me ha costado múltiples meditaciones para realizarla. Por ende, pido que al igual que yo, medites y razones junto con lo que lees. Ya que si no lo haces, no podrás ayudarme a demostrar si me equivoco o no, cayendo en la tentación inicial de juzgar mi carta como errónea.

 

SIN TÍTULO

Mi madre cae en llanto, y yo, en mi cuarto, encerrado, con miedo, sintiéndome ingrato y descarado: por levantarme, comer, para luego encerrarme con mis libros y mis juegos. Quisiera tapar mis oídos con música para no seguir escuchando su lloriqueo encerrado, pero sé que eso es escapar. Al tiempo, parece que ya pasó. Esto me recuerda a las tantas veces que he deseado su muerte. Y eso me aterra. No he anhelado dicha posibilidad tantas veces por odio o por algún tipo de distanciamiento, NO; para nada. Sino por el mero motivo de experimentar la muerte de un ser tan querido. Siendo para mí el tipo de prueba más fuerte del que podría pasar. Para darme como resultado lo cuan inmutable, resiliente y valiente puedo llegar a ser.

MUY ANTIGUO

Mamá, estando mi persona lejos de ti, lo único que hago para no caer en vacilaciones sentimentales es escribirte; no únicamente por este medio - está escrito en papel-, sino también por la tecnología actual que nos apoya. Recodarte no es difícil, lo que si: es no tenerte a mi lado. Anteriormente he pensado en dejar la casa donde vives. Lo que siempre dije: alejarme quisiera, pero no dejarlas. En sí, todo esto no es el problema, estoy titubeando con mis pensamientos. Creo que escribo por no ir apoyar a mis abuelos. ¿Lo ves?

 

SIN TÍTULO

 

Madre, a estas horas del día, siendo 16:13, de la fecha, 26/10/2018, no me siento tranquilo.

Te habrás arrancando los pelos preguntándote: ¿Por qué mis hijos no me ayudan? Principalmente yo, ya que al otro le da igual si nosotros pasamos por malos momentos o no.

Créeme, que en estos últimos días - desde aquel en que creí que ya había acabado mi labor de ayudante como hijo, y en el que me pediste sorpresivamente que te ayudara - hasta hoy, he estado tan confundido, que no sabía que rumbo tomar; si postergar mi decisión: ayudándote, para así nutrir la unión y fortaleza de nuestra familia, demostrando de ese modo, ejemplos implacables, para quienes lo conforman, o si seguir firme con lo que había decidido, para no continuar procrastinando la construcción de mi camino. No vayas a pensar, que mirándome jugar, estoy en un estado contrariamente al tuyo. Para nada. De hecho, ese actuar es contradictorio a lo que aparento, pues, en las últimas tardes, la acción de interactuar virtualmente mediante el juego, se da a causa de que estoy padeciendo de una serie de indecisiones incesantes. Te dirás: mis hijos no me ayudan. Y me duele asumir que piensas de esa manera, no porque de verdad es así, sino por lo mismo que soy apto para ayudarte; pero, no sé si hacer eso sería lo correcto. Me atormenta saber que no encuentro una solución, que me complico, posiblemente con temas simples como este. Me causa intriga saber si estoy haciendo bien o mal con intentar tomar una decisión. De repente, ni siquiera debería de pensarlo, simplemente debería de ayudarte y ya; ¡o, quizás dedicarme a andar por mi sendero, y ya! Para mí, encontrar la respuesta no es tan fácil, no dudes en que no lo es. Y discúlpame, no por no ayudarte, sino por no ser ligero con el saber qué hacer. Me gustaría poder comunicarme contigo, sin perezas, con riendas sueltas. No obstante, me pesa intentar llegar a un acuerdo, cuando se trata de trabajo y estudios. He titubeado con mi vida tanto tiempo con respecto a este tema, que ya no sé si la comunicación es el mejor método para encontrar las soluciones a mi desesperación.

Mirando la hora, me deseo por un instante ser ciego, para no ver como corre el maldito tiempo; a pesar de que no se trata de ver, sino de sentir. Esto, me hace recordar al momento en que desee dormir toda la tarde, para así, no sentir ese pesar en mi mente. Hasta, he llegado a pensar en un suicidio temporal. Pues, con eso, damos cuenta a lo fatalista y dramático que soy. Y eso, justamente es una de las cualidades que detesto de mi persona, lo aborrezco, en serio.

Te quiero mamá.


SIN TÍTULO

 

Mientras comía hace media hora aproximadamente, pensaba en mi madre, en ti mamá. Veía el alejamiento que nos tenemos, que les di; lo siento por eso. También por decir que estaría allá a fines de febrero. Sabía lo que decía, pero no lo había pensado bien. El plan fue perfecto, quedarme el máximo tiempo posible trabajando, hasta que empiece la temporada de inicio de estudios. Así, llegaría orgulloso de mi persona, por los recursos necesarios para cesar nuestras necesidades. Sin embargo, olvidé tu cumpleaños. Sé que estoy a tiempo de arrepentirme, y lo he hecho. Aunque, todavía pienso en que me convendría quedarme para acumular economía. Madre, no sabes cuan feliz estoy de haber logrado juntar en esta semana el dinero que le debes al vecino. No puedo negar que en la germinación de este pensamiento hubo disturbios entre mi objetivo y lo realizado. Me dije: ¿Tiene sentido haberme sacado la mierda para que otra persona reciba este dinero? No es por la persona, sino por mi mamá. Pero ¿Tiene sentido? Discúlpame si me entrometo en tus deudas. Siempre dije: Si ha de ser necesario que me rompa el lomo por mi madre, lo tengo que hacer.

 

Con esto mamá, espero tomes consciencia respecto a tus deudas. No te estoy sacando en cara lo que haces; pero no negaré que me dolió enterarme que ese dinero no era mío, a pesar de haberme esforzado mucho para obtenerlo. Espero que con esto, te des cuenta de que prácticamente te prestaste en vano. Y si fue para pagar el banco. Entonces hay doble deuda vana; el de la empresa y la del señor. Ambos sabemos que no son las únicas deudas que tienes. Lamento eso también.

 

CONFESIÓN

 

Me siento mal madre. No tanto como para deprimirme y titubear con lo que estoy haciendo, no. Solo siento que quiero llorar. Quisiera que esté una mujer conmigo ahora, conversar con ella, abrazarla y desahogarme. Te quiero mucho mamá, jamás me cansaré de escribirlo.

 

Me queda poco tiempo. No hay mucho para escribir. El momento de desahogo acabó. Me gustó confiar en ti.

 

Madre. ¿Qué es lo que ocurre? Parece que tengo que tomar medidas más drásticas para ver si así al menos te dedicas a reaccionar junto con mi hermano. Sé que muchas veces lo has hecho; sin embargo, esas veces no bastan. Me apena mucho la falta de consideración que tiene el mismo sobre sí y también me da lastima ver que consientes aquellas actitudes delante de tu persona. Sé que todo esto no es visto por ti, pues te ciegas con el progreso económico. No intento juzgarte, sino ayudarte a ver la situación de ciertos escenarios y sus consecuencias. Me da piedad ver como ambos se ahogan en su propia ignorancia; y más aún, me aterra mucho saber que existe como posibilidad el que mi hermana crezca con defectos semejantes a los suyos. Solo toleraría pocos, no muchos. No eres mala madre, mamá, no deseo para nada en el mundo que la niña que vive con nosotros, para más adelante sea casi igual que nosotros, o peor aún: talvez incontrolable en el futuro. Todo por enseñarle a ser normal. Por los escasos y excesos. Por querer evitar que sea como Giovanni, o de repente por querer que sea como yo. ¿Y tú? ¿Dónde queda tu persona? Esa parte necia que tienes albergada en ti, sacando a la superficie al mismo para evitar dar cambios grandes o pequeños, por el simple hecho de no dejar de ser normal. Esa palabra aburrida que se repite cada vez que siempre se hace lo mismo. Más que eso, no salir del rango predecible en que nos tienen los anormales.

 

Posiblemente los que son ajenos al tema, intenten refutar lo que digo con la imperfección al momento de conjugar mis letras o expresar mis ideas. No sigan haciéndolo, porque no comprenderán una vida ajena más que escucharla. Soy malo escribiendo, eso es todo para ustedes.

 

EL FRACASO

 

Sin lagrima alguna en los ojos…fracasé otra vez. Lo siento madre, pero acabo de cometer mi segunda falta. Fallé como hermano mayor y en evitar llorar ahora (pues se me acaba de escapar una lagrima). Quisiera no tener sentimientos, y estoy en eso, en no sentir nada.

 

De niño, veía a mis semejantes, señores de edad avanzada y adultos trabajar; siempre he deseado tener sus carencias, para así aprender cosas que jamás aprendería con las facilidades económicas que tenía. Como decían los viejos consejeros: "nosotros los jóvenes de ahora, no hemos sufrido como ellos lo han hecho". Sin embargo, jamás pedí esto, esta inutilidad neutralizante que azota mi piel, haciendo que sea cada vez más gruesa. Fracasé como hijo también (te amo mamá), y por eso lo siento mucho infinitamente. No me da más pena mis errores, que mi mismo; pero si él (mi hermano), me causa lástima por como es, más piedad tengo por mi, por no haber hecho nada para que esa compasión que tengo por el mismo no nazca; lo mismo para ti y por mi hermana. Esta vida es una desgracia. No tiene correspondencia alguna que uno se sienta normal o feliz por otro lado, cuando en el hogar se padece de felicidad, tranquilidad y/o calma; donde no vive el respeto, el cual es un sencillo visitante ingrato, mismo hábitat del descaro, el morbo, alcoholismo, irresponsabilidad e inoperatividad. Lo peor de todo: no hay quien frene dichos habitantes. Esta es su casa, y siempre lo será hasta cuando se les permita. Lamentablemente también es la mía; pero, con la diferencia de que yo no estoy dispuesto a vivir con aquellos vecinos de cuarto. A veces, en mi desesperación equivocada, imagino que pierdo a mi madre, de que me libro junto a mi hermana de la casa que nos hace daño; o también, que mi hermano ya no vuelve por esa puerta jamás, sin importar el motivo, sabemos que será una paz infinita el que ya no regrese para irrumpir en nuestro germinado e interrumpido progreso. No obstante, la decisión ya está hecha. Y esta vez, no pienso titubear.

 

SIN TÍTULO

 

Madre, quiero que sepas que como cualquier persona, tengo carencias: llevo buen tiempo padeciendo de depresión. Siempre me dije a mi mismo que con quien lucharía en mi vida, y para toda la misma, sería conmigo mismo; y es así. Soy mi peor enemigo, y perdería el tiempo si me buscan o encuentro uno ajeno. Por otro lado, ustedes… sabes que por un tiempo sentía una disputa entre yo y mi familia. En un comienzo intenté innumerables veces hacer algo para mí; pero, todos los intentos fueron fallidos. La pseudo familia (primos, tíos y demás) te sacan en cara tus intentos fracasados, la sociedad te encierra, ambos presionan. Hasta que, por mi mismo, ya después de tantas luchas con mi persona en todos los aspectos, me decidí una ruta, al igual que muchas anteriormente. La diferencia es que esta vez me fue "bien". A pesar de la preparación mediocre que tuve por dificultades fisiológicas (causado por un mal movimiento o golpe), tuve "éxito" en la postulación. Si alguien me pregunta, si soy feliz, si me lo preguntaran ahora, o cuando estoy postulando, mi respuesta sería: NO. No porque no lo esté en sí; sino porque todavía no conozco dicha felicidad. No quiero que el hecho de haber tomado una decisión que no quise al principio, suene fatalista. Para nada. Solo te doy de encuentro lo que siento, como me veo, cual es mi lucha, exagerada o no, pero lo es.

 

Si quisiera poder opinar como un padre, no podría hacerlo por más que lo intente, por la misma razón que no soy uno. No puedo asegurar que sea normal o común que los padres o alguno de ellos no revelen las deficiencias familiares. Tampoco sería correcto que lo hagan. Pero, eso no significa de porque no sean capaces de expresar sus carencias consanguíneas, se atribuyan el derecho de señalar con sus palabras las de otras personas. Dar un juicio sobre defectos ajenos ignorando que los mismos se asemejan al de los nuestros, sería una conchudez inconsciente total; peor aún, al enmascarar las faltas de los hijos o de algún pariente cercano, sería no aceptar las fallas que tuvieron los padres con los hijos y que tienen los mismos con sus progenitores. "Si se obvia el error, entonces no existe, y si no existe, no hay nada que solucionar." El error está ahí; mencionarlo, significa aceptarlo, y compartiéndolo, es una viva muestra de las ganas de superación.

 

EL FIN

 

Cuando ya no esté acá, lo único que espero es… la suerte, para que no le suceda algo en contra de la persona de mi hermana (algo que se pueda evitar). Me asomo al azar por el simple hecho de que mi madre, no tiene la confianza suficiente como para emanar o almacenar una ajena, ni siquiera la de sus propios hijos.

 

Recuerdo las veces que mi madre me mandaba a buscar algo (siempre con sus lugares inexactos); por ejemplo: ve a buscar tal cosa, está arriba del "esto". Esa era una de sus frases favoritas. Casi en la mayoría de sus mandados, jamás encontraba tal objeto que estaba en tal lugar (lo peor no era eso, hasta yo me reiría si sencillamente fuera ese el problema). Lo terrible venía después, cuando uno preguntaba la exactitud del material o en el momento en que se daba cuenta de que no lo había encontrado, porque si uno le decía que no lo encuentra, sus respuestas eran: ¡para eso si no sirves!, ¡como no lo vas a ver si está "ahí encima del esto"!, ¡ciego de mierda!, y demás improperios, que lo único que lograba con aquellas palabras era crearme odio hacia ella y hacia mi inutilidad. Al saber que no encontraba lo mandado, me quedaba ahí, esperando a que corra el tiempo, sin saber que hacer, si seguir buscando (sabiendo que no lo iba a encontrar) o esperar con una ira que crecía hacía mí por no encontrarlo, anticipando a que venga ella a hacerlo y tener que soportar sus gritos e insultos destruyentes. ¿A quien miraría yo para que me ayude? Así como lo hace mi hermana acudiendo a mi. Solo me quedaba ahí, destruyendo mi persona, con ganas de explotar literalmente, sin importar si moriría, para de ese modo sacar toda la ira que sentía en ese momento hacia mi. Sin embargo, después de tanto años, todo ya está superado - al menos eso creo hasta ahora-. Me costó hacerlo, sí. Fue un proceso largo la mejora de mi ser. No sé que hubiera sido de mí si de repente seguía una sola ruta, enfocarme en un objetivo. Sospecho, que no tendría los mismos resultados en mi personalidad; netamente no, por lo mismo que los caminos son distintos.

 

Por otro lado, mi hermana, la menor, está pasando lo mismo (eso me preocupa); pero, está con algo adicional, con una suma, un apoyo: yo. Esa es la diferencia. Como la veo, es más inteligente. Ha creado una barrera de esas que le hacen olvidar u obviar rápido lo que no le sirve. A comparación de mi, quien le era difícil filtrar las palabras irreverentes, insignificantes; para mí todo era importante, por eso es que yo me quedaba pensando en lo que me decían, me quedaba tímido, pensativo y pasmado, con miedo a responder o a seguir hablando. En cambio ella no. Es más fuerte. Le dicen algo que debería inmutarla, congelarla o intimidarla; pero no, ella sigue con la conversa, ignorando lo anterior. No obstante a todo lo anterior, sé que padece lo mismo en el momento en que mi madre le levanta la voz, la insulta, haciéndola sentir inservible, tonta, inútil e ira contra si misma. He sido testigo del nivel de desconfianza que tiene al momento de realizar algo, sea por voluntad propia o por un mandato. Lo que es peor, es que pueda llegar a experimentar una situación atroz, como la que nos marcó anteriormente, y no tenga a quien confiarle desdichada experiencia. Que te mire como posibilidad y automáticamente te descarte por razones que todavía ni siquiera ella conoce.

 

TODO ACABÓ

 

Mi tiempo de estadía en tu casa se acabó, madre. Todos estos años, si mal no está mi consciencia, desde que mi padre me arrebató la ruta de ir a una universidad pública (así como cuando un adulto le quita su dulce a un niño), hasta cuando fallé en el último examen de la postulación para ser SUB PNP (ese día sabía que no podía demostrar mi felicidad hasta salir de la escuela), todo este tiempo fue un sacrificio de mi para ustedes. Tanto emocional, económico y parental. No voy a entrar en detalles, porque en realidad no tengo la obligación de dar explicaciones a nadie, a excepción de mi hermano. Se las daría por aquí, pero dudo mucho que los entienda por su falta de comprensión lectora, o si no es por eso, entonces será del paupérrimo entendimiento de la dimensión sobre esta. En pocas palabras, sería una perdida de tiempo, porque de ningún modo lo entendería. Eso, si es que se le da la gana de leerlo.

 

Lo que quiero dar a entender con lo anterior es lo siguiente:

 

Que mis recursos se agotaron, sentía que ya no tenía que estar ahí, buscar mi propio rumbo. Quería alejarme de las cobranzas que te hacían, de tus deudas incesantes, de las respuestas brutas de mi hermano, del lastimero ambiente en donde crece Valeska que al mismo tiempo me lastima a mi al ver como la lastiman a ella con su entorno (lo digo más que todo por mi hermano, bien lo sabes).

 

Estando con ustedes allí, creía que había mucho por cambiar para seguir mejorando colectivamente. Pero, tanto como tú y mi hermano, me demostraron que no había casi nada o a veces hasta nada que cambiar y que mis esfuerzos eran en vano, que mi sapiencia era inútil y que mi visión era errónea. Después de todos los intentos me preguntaba, conmocionado, sorprendido, irónico e impotente. ¿Dónde están los resultados de mis intentos, o del día anterior en que conversé contigo o con mi hermano; de la lección de la primera vez en que nos traicionó o se burló de nosotros, o donde no le importaba la integridad de mi hermana? ¿Dónde están las lecciones de tus préstamos incesantes, hostigantes y aturdidores? ¿Dónde está esa sicología que debíamos aprender todos como consecuencia de lo último que le pasó a mi hermana? ¿¡Por qué tienes que usarla a ella para poder eximir tus cobranzas!? ¿¡por qué…, mamá…!? ¿Dónde estuve yo para…?? Era un inútil. Ni estando allí, ni trabajando, ni ayudándote, ni como hermano (tanto para ambos), ni como hijo, ni como persona o ser humano he podido hacer algo productivo, ni para mí, ni para ustedes, para nadie. Por ende, basado en mi inutilidad, tomé la decisión tajante de retirarme de allí. Hay muchas cosas más que recalcar, pero considero está demás hacerlo, teniendo en cuenta mis múltiples cartas sobre la percepción de mi vida y el futuro que nos seguirá sorprendiendo, y que seguiré escribiendo, es suficiente con lo que he escrito del porqué me fui. Dicha decisión - repito - me costó años poder tomarla.

 

 

EL ÚLTIMO DOMINGO

 

Madre, lo que escribiré a continuación nos va a doler un poco (espero que sea poco) a ambos.

 

Por mi situación, o nuestra mejor dicho, he tenido que tomar una última decisión; aquella no fue por voluntad propia (a pesar de haberlo sido en primera instancia), sino situacional. Como dije, en un comienzo había decidido ya, pero tú, por ser sencillamente mi madre me hiciste cambiar de parecer. Sin embargo, horas más tarde, sucedió una traición de golpe de gracia que no es sorpresa para mi, ni para ti. En ese momento, sin duda alguna, reanudé mi objetivo para no perjudicarme por el mismo motivo por el cual tomé dicha resolución. La misma ya estaba tomada y me sentí cómodo al saber que la respetabas. Sin embargo, tu preocupación natural de madre no tiene límites y aquella me duele cuando me lo expresas. Y es así porque en verdad me gustaría aceptar tus invitaciones, pero es algo que no puedo hacer, porque no quisiera ser yo el portador del contagio en esa casa casi inmune; a pesar de no ser totalmente seguro - pues, tienes que salir a comprar las necesidades básicas, y sobre todo, vives con alguien quien no es fiel ni siquiera a sus propios pensamientos -, quiero evitar en todo lo posible ser el responsable. Esto madre, es algo que se tiene que hacer porque tengo responsabilidades que cumplir, ya no colectivas, como lo eran antes, sino individuales. Sé que en parte de todo esto me va a sobrar dinero y de ese modo podré al menos ser una ayuda en tu hogar pagando la letra que se viene por pagar.

 

Me cuesta tanto entregarte esta premisa en estos tiempos. Pero sé que en algún momento llegarás a leer todo lo que te he escrito, y espero lo logres sin aburrimientos, ni lloriqueos (aunque parece que en el fondo eso es inevitable).

 

Acabando la segunda etapa de esta prevención, me tuviste que escribir. Me preguntaste el porqué no fui a estar con ustedes. Con total sensatez te dije que me hice tarde (te mentí), la verdad es que ayer quise ir por muchas razones, y en una de esas estaban ustedes. Sin embargo, tenía que forjar mi decisión, no podía vacilar por más que quisiera. Había decidido no volver hasta que acabe todo esto, y así va a ser. Esta es mi respuesta madre del porque no fui ayer y tampoco iré a verlas. Lo siento por todo esto. Quizás entre tus angustias de madre pensarás en mi sencillamente porque soy tu hijo. Pero, no hay nada más que hacer, que asumir las decisiones y esperar la paciencia del tiempo.

 

SOLO ES UN DÍA

 

Antes de ir, pensé en no hacerlo, porque sabía que mi presencia te causaría tristeza, cosa que es natural en ti, mamá, y en una madre como tú. No pensé bien en lo que hice. Asumí esa posibilidad, sí; pero la omití; me dije: si en caso me invita pasar, me voy a tener que negar; o quizás, con el simple hecho de ver que su hijo se imposibilite de ingresar a la casa le va a causar tristeza; o con tan solo verlo y saber que en estos tiempos "difíciles" el mismo no está con ella y su familia; y muchas otras posibilidades más que se desecharon por el apuro del día. no tengo porque hacerlo pasar por todo eso. Llegado el momento, no me dijiste que pasara, pero si me propusiste a quedarme, propuesta que rechacé. Al momento de irme, nos despedimos a la distancia - no podía abrazar a ninguna de las dos. A pesar de que se me pasó por la mente -. No lo hago por mí, madre, sino por ustedes. Y en esto también soy egoísta. Ya que si no lo fuera, sería más empático e iría a verlas para que ustedes se sientan bien con mi presencia - sobre todo mi hermana. Y sin importar si las contagio o no - para ti como madre y para mi hermana.

 

Al menos de lejos, pero iría a verlas. Esa, es la frase de un insensato apoyándose en una de las posibles soluciones que se le pueden dar a una dificultad como esta. No obstante, si entramos en detalles de las consecuencias con exhaustivo análisis. Nos damos cuenta de que sin importar las precauciones del caso. Lo único que se haría es que las probabilidades disminuyan, y no sean nulas; el cual esto último es mi objetivo - viniendo de mi parte -. Por ende, madre, espero comprendas y reserves dos disculpas para mi: la primera, por mi egoísmo con máscara de sensatez; y, la segunda, por mi pensar anti - empático.

 

Creo que aquí no hay mucho que pensar. Madre, fue gustoso verlas hoy. No diré más, pues, no sé que escribir. Solo… te doy las gracias por saciar mi hambre. "Solo es un día", eso me dije cuando sabía que ya era tarde y había pasado la hora de comer. No importa. Sin embargo, recordé también que si no me alimentaba como debía de ser, no podría combatir expectativamente al coronavirus - si en caso me contagie -. Por ende, comer y tener las defensas al día era algo del cual no me podía dar el lujo de indisciplinarme. Por eso es que te pedí un plato de comida, madre mía. No fue porque quizás quise ir a verlas - eso es algo que puedo soportarlo -. Sencillamente, creo que quise probarlas. Me propuse lo siguiente: si me invita a pasar y llora, no voy a volver. Hasta ahora no encuentro una razón del porqué me propuse semejante castigo para tu persona. Las probabilidades de que pasara eso eran altas - de eso me doy cuenta recién ahora -. Los detalles los daré después. Por ahora, solo sé que lo hice porque no quería irrumpir con mi presencia en la casa de ninguna de mis tías, sabiendo de ese modo que serías tú quien toleraría mejor mi visita y sobre todo mi petición. No voy a negar que al momento de despedirme de mi hermana y luego de tu rostro sollozante me dolió. Pero, eso es algo que tengo que soportar. Tragarme la saliva y seguir adelante. ¿Y sabes porqué, madre? Porque este es el destino que yo he decidido tener. Así mismo, de lo único que me duele de todo esto es que las lágrimas y pesares se cobren por parte tuya como consecuencias de mis decisiones. Cuando me fui; cuando las recuerdo o cuando vacilo, siempre me recuerdo del destino que me he propuesto y decidido tener. Ya concluyendo con mis pesares, sabía que te debía una disculpa por mi imprudencia mediaran. Disculpas que te pedí por messenger y no en persona, pues sabía que cuanto más minutos permanecía junto contigo, más doloroso sería para ti como para mi. Discúlpame por todo, de hecho. El hambre me acechaba, y lo podía tolerar, solo que en el momento me tomé de cobarde y fui por tu auxilio. Solo, debí de ser más fuerte. Mi debilidad me delata. Tan solo debí de ir de frente al internet, a donde quería ir y así tolerar el hambre. De todas maneras, solo es un día, ¿Qué más da? No es mucho, no es para tanto, ni para exagerar. Pero mi cobardía me ganó, quiso ir bajo tus pies y enrollarme en tu falda, diciendo: !ayúdame! No tuve el suficiente valor como para mirar al cielo y decir, SI PUEDO. Discúlpame por eso, madre. Que por culpa de mi cobardía, hoy lloraste. Solo… tenía que aguantar el hambre. Por eso madre, no volverá a pasar. Quiero ser fuerte, y así va a ser.

 

2

 

No debiste de decirme eso, madre. Sentí un pequeño pesar al leer esas palabras que formaban una petición de tu parte para conmigo; no por la misma en sí, sino por su efecto que es una consecuencia del error que cometí ayer, la cual no puedo cumplir. Me sentí mal en ese momento, porque sabía que tu accionar era una secuela que dejó mi última visita. La impotencia se invadió de mi por hacerte sentir mal, por hacer que te esfuerces en vano, por hacer que tu voluntad sea vana e inútil. A pesar de saber lo que es sentirse así, no puedo hacer nada para repercutir dicha respuesta. Si te digo que ya no volvería a ir, me preguntarías el porqué, y de todas maneras te haría sentir mal; pero, al no decirte, reaccionaste como supuse que lo harías y como me habías dicho: que me ibas a esperar con la comida para que yo la recoja. Cuando me diste el aviso, te dije que ya había comido. Tu respuesta me conmovió, y el pesar que sentí lo postergué hasta llegar a mi cuarto. Cuando estuve aquí, empecé a sentirme desgraciado y ha analizar al mismo tiempo mis actos y mis palabras para contigo. Me di cuenta que lo que sucedió en la tarde se cumplió como supuesta y más probable consecuencia. Entonces me dije: todo error tiene consecuencias. Ayer cometí uno, y esta es su consecuencia; por ende me debo hacer cargo de la misma. Uno tiene que hacerse cargo por ellas. Es mi error, y es mi consecuencia. Mi madre no tiene porqué pagarlas. Así que me decidí a ir y hacerla sentir feliz con mi presencia, mis visitas, aceptando sus platos de comida que las prepara con mucho agrado, emoción y amor; sintiéndose de ese modo agradecida. No puedo ser tan egoísta. Sin embargo, la conclusión anterior fue razonable hasta cierto punto, obviando el punto más importante y la razón principal del porqué hago, pienso y decido de este modo. Entonces, memoricé cuando uno de mis primos me dijo que vaya a quedarme en su casa para de ese modo acompañarnos durante esta cuarentena. Mi respuesta fue simple, agradecida y esquiva, por la misma razón del porqué no voy a la casa de mi madre - a ella también le doy el mismo tipo de respuestas -. Y, es por eso mismo que no me puedo hacer cargo de dicha consecuencia que es mi responsabilidad. Me duele no poder hacerlo, si. Pero, es algo que tengo que hacer. Va en contra de todo mi ser e inclusive necesidades, pero, es algo que se tiene que hacer. Por un momento me imaginé que podía ir a la casa de mi madre y continuar trabajando con normalidad, así como un compañero que tengo en el trabajo, quien vive junto con su familia, trabaja con normalidad y así estar listo si en algún momento la enfermedad entra por las ventanas de su cuerpo. No obstante, no voy a arriesgar a mi familia para sencillamente suplir mis necesidades. Este es el destino que elegí, y lo tengo que asumir. Por otro lado, sentir se me es difícil. Mis pesares son vagos y agonizantes. De verdad te quiero, pero como lo dije, mi sentir es temporal. Recuerdo las veces en que te digo "te amo"; dicha frase que tiene un vacío casi infinito. Siento algo por ustedes, sí. Pero ese sentir es limitado. Mis sentimientos, últimamente se están equilibrando.

 

UNA VEZ ESCUCHÉ UNA FRASE QUE DECÍA: UNA PERSONA NO DEBE DE CAMBIAR, SINO MEJORAR. YO CORRIJO LA MISMA CON LA SIGUIENTE: LOS DEFECTOS NO SE MEJORAN, SE CAMBIAN O SE CONTROLAN. POR OTRO LADO, UNO NO SE DEBE DE FIJAR EN VIRTUDES PROPIAS, PORQUE LAS MISMAS NO SE CAMBIAN - MEJORARLAS ES SECUNDARIO -, LO PRINCIPAL SON LOS DEFICIT PERSONALES, AQUELLOS SI SE CAMBIAN. NO SE ACEPTAN CON RESIGNACIÓN COMO CUALIDAD PERSONAL. ESO, ES OTRO ERROR. LAS ÚLTIMAS DOS LÍNEAS SE APLICAN AHORA EN LA SOCIEDAD. ES UNA FRASE COMÚN DECIR - CON TONO DE CUALIDAD RESIGNADA Y LIMITADA -, ASÍ SOY PUES.

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