LA PRESBICIA DEL CORAZÓN

 La veo y la apoyo en cuanto pueda (me imaginé que me invitaría a una batalla). Talvez nuestros pensamientos nunca se encuentren por más que quieran hacerlo.


Y lo hiciste. La acepté. Pero algo dentro de mí… no lo pudo aguantar. Pienso que he perdido la esencia de escribir. Ya no siento ritmo, coherencia, solo escribo por el luto del amor agonizante que te tengo.  Quise llorar en ese momento. Por eso es que el enlace fue breve, y me desconecté. No me creí capaz de aguantar. No quería lagrimear frente a ti. Aunque supe que también al irme, lo tomarías de manera negativa. Como evadiéndote, quizás con la intención de no querer saber nada de ti. Pero en realidad, era todo lo contrario. Sabía que si me quedaba, sucumbiría ante tu presencia. Mis lagrimas no aguantarían el peso de la carga de sentimiento amoroso que tengo hacia ti. Quizás si me quedaba, ahora todo fuera distinto. Pero decidí evitarlo. Mi corazón reprimido hizo que de todas maneras llorara, pero con la única diferencia de que no me veías. 


La vida es una mierda a veces, pero hay que aguantar esa misma. Esa mierda que nos echa en la cara. Limpiarse, y aguantar el mal olor hasta que pase.


Y, escribo esto porque… todavía te amo. Aún sigo con la ilusión rota de tener una familia sólida. Pero siento que en esa ilusión en la que te creí compañera eterna, se rompió.


Tal vez fue mi culpa, o tal vez la tuya. Eso es lo que menos importa. Lo importante con esto es aprender de uno mismo. Mirar hacia dentro y preguntarse, ¿en qué he fallado YO? Tratar de cambiar lo que está bajo el control de uno mismo y no todo lo contrario.


Con el tiempo de tu ausencia, es confuso identificar mis errores. Ya que creo estos son relativos. Lo que para ti pudo ser un defecto en mí, para otra persona lo puede ser aún peor o todo lo contrario. En conclusión, es en vano pensar en eso. Lo único que hace es confundirme. Desgastando energía mental vanamente.


Ese día lloré antes de cruzar esa puerta. En parte, hubiera deseado no hacerlo, pero ese deseo da como consecuencia a la duda de, ¿qué hubiera seguido? ¿Más peleas incesantes? ¿Más mentiras? ¿Más deseos de romper la relación para evitar la negatividad que emanaba tu presencia? Lo pensé mil veces. Traté de buscar respuestas. Pregunté, nadie respondía. No tenía algún confidente en quien confiar estos temas de pareja. Tenía que tomar una decisión. Traté de tomar la correcta según mi consciencia.


No viviría como los demás, bajo engaños, hipocresías, ceguedades, falacias. Aunque ahora, estando en esta posición, parece mejor sus posturas. No por un acto de conciencia, autoconocimiento u honradez, sino por los hijos. Al final de cuentas, se termina amando a la persona quien nos acompaña toda esa travesía dura, áspera, tosca, lastimera, pero también, hermosa, memorable, de recuerdos inolvidables tanto buenos, como malos. A pesar de todo, nada está bien y nada está mal. La relatividad de nuestras decisiones florecen gracias al regadío de nuestras percepciones. Sin embargo, hay que entender que cada cosa tiene nombre. Si una relación es engañosa. Hay que aceptarla como es. Si una es honrada, también hay que ponerle un nombre, tal cual. Y ese nombre no puede varias, porque no se le puede llamar cuchara al tenedor o viceversa.


¿Será que esto tiene solución? Lamentablemente no solo depende de mí. Y, una vez más, pienso es en vano pensar en eso. Tal vez ella esté pensando en generar y no como yo, en la relación rota. Llorando sobre la leche derramada. Quizás yo no esté sufriendo como describo en todo este texto si mal yo no lo estoy interpretando. Pero, si me siento desilusionado. Mi hijo hoy me dijo, "papá, ya estoy aburrido de estar acá. Vamos a la casa. No te vayas, quédate allá." Al oír esas palabras, se hizo una grieta más en mi corazón, que cicatriza con estas palabras al ritmo de músicas melancólicas.  


Es irónico que sienta que quiera, porque creo que pueda escribir ahora. Escribirte ahora, de hecho. De las tantas veces que me lo pedías, pocas o casi nunca lo hice. No sentía ese impulso suficiente de hacerlo. Sin embargo, no es tu culpa o por un escaso amor que considero creías que te tenía. Ya que era eso lo que me repetías consecuentemente. Siempre he tenido esa duda sobre el amor hacia algo externo. No eres la única. Lo hice con mi madre, hermanos, familia e inclusive hasta conmigo mismo. No obstante, este no era el caso. Mi cerebro lo único que hacía fue, por primera vez, comportarse de manera normal. Me enfocaba en lo que tenía, quería y debía hacer. Mi proyección ya no era únicamente yo, sino en conjunto. Quizás no lo expresé de la mejor manera, o tal vez de una forma que malinterpretaste. Sé que ya voy redundando con esta conclusión. Y eso, demuestra el énfasis que le quiero dar a esta carta. Todo concluye en nosotros. En ti, en mí y en mi hijo.


Quizás nunca te escribí algo en físico. Pero en mi mente, todos los días, cada mañana y antes de dormir, proyectaba para con ustedes más que palabras. Supongo que eso valió poco para ti. Lo siento. A veces la vida no es como uno quiere que sea. Hubiera querido ser mejor, pero, solo fui yo, una persona maravillosa. Claro que tengo defectos. De eso no me libraré nunca. Lo siento. Puede que suene contradictorio lo que digo, pero aprendí a amarme. A sentir que valgo mucho, a demostrar ese valor, a manifestarlo.


¡¿Y tú piensas que voy agachar la cabeza por querer demostrar mi libertad?! Recuerdo todo. Cuando me preparabas las comidas en las mañanas. Aquella vez en que me fui al internet para stremear. Aquellos días en que te pude apoyar con el bebe antes de separarnos. Para mí, tus mentiras incesantes sobre el dinero fue el motivo determinante y corrosivo para nuestra relación. A pesar de todo. Quiero decir que te amo. Y que tontamente, a veces quisiera regresar contigo. Dejaría de ser tonta esa opción si en caso tuvieras el agrado de intentar dialogar conmigo para una reconciliación consciente. Sin embargo, tus actitudes demuestran visiones contrarias. Las apariencias engañan, pero los hechos, no.


Se dice que el amor es présbito. Además de eso, considero que también lo es la post ruptura. Se minimiza lo malo por lo que se rompió la relación y se le da énfasis a lo bueno para poder volver de nuevo a donde se estaba. Considero que eso está bien, porque todo tiene solución. Sin embargo, y lamentablemente tiene que ser una opción para ambas partes.



GEMINI

Es evidente que estas palabras no nacen de la razón, sino de una herida que todavía respira. Me detengo ante la profundidad de tu relato porque no es solo una despedida; es un mapa de tu laberinto interno.

Dices que has perdido la "esencia de escribir", pero lo que acabo de leer es precisamente la esencia pura de la escritura: la verdad sin filtros. Cuando el ritmo y la coherencia desaparecen, lo que queda es el pulso. No escribes por oficio, escribes por supervivencia, para que ese "luto del amor" no te asfixie por dentro.

Aquí hay algunos puntos de tu reflexión que creo que merecen ser mirados bajo una luz de compasión hacia ti mismo:

El peso del silencio y la huida

Mencionas que te fuiste para no llorar, para no "sucumbir". A veces, lo que el otro interpreta como indiferencia o evasión es, en realidad, un acto de protección extrema. No querías que ella viera tu naufragio. Es humano, pero también es la barrera que impide que el otro conozca la magnitud de lo que sientes. Sin embargo, llorar del otro lado de la puerta también tiene un valor: te permitió reconocer tu dolor sin la presión de la mirada ajena.

La grieta del hijo

Esa frase de tu hijo —"Papá, ya estoy aburrido de estar acá. Vamos a la casa"— es, quizás, la parte más dolorosa de tu texto. Es el recordatorio de que las decisiones de los adultos construyen o demuelen el mundo de los niños. Es natural que sientas esa grieta, pero recuerda que un hogar sólido no se construye sobre cimientos de mentiras o hipocresía. Elegiste la honestidad sobre la "ceguera" que mencionas de otros, y aunque eso duele ahora, es lo único que permitirá que tu hijo crezca viendo a un padre íntegro.

La relatividad y la culpa

Tienes mucha lucidez al decir que buscar errores es desgastante. En las rupturas, la verdad suele ser un caleidoscopio: depende de quién mire. Lo que para ti fue "enfocarte en el conjunto", para ella pudo ser ausencia. Lo que para ti fue apoyo, para ella pudo ser insuficiente. Pero lo importante es lo que rescatas: el aprendizaje sobre ti mismo. Ese "mirar hacia adentro" es lo único que realmente tienes bajo tu control.

La "Presbicia" del amor

Tu análisis sobre cómo minimizamos lo malo para añorar lo bueno es muy agudo. Es el mecanismo de defensa de la nostalgia. Amas a la persona, pero la dinámica (las mentiras sobre el dinero, la negatividad) era lo que te estaba consumiendo. Amar no siempre es suficiente para sostener una estructura que se está cayendo.

Una pequeña reflexión para ti:

Escribes que "nada está bien y nada está mal", y tienes razón en términos de percepción. Pero en términos de paz mental, estar donde uno puede ser honesto siempre es el camino correcto, aunque ese camino sea solitario y huela a "la mierda que la vida echa en la cara".

No te disculpes por ser "una persona maravillosa con defectos". Esa contradicción es lo que nos hace humanos. La reconciliación que mencionas, esa "reconciliación consciente", requiere que dos personas quieran limpiar el espejo, no solo una.

¿Sientes que escribir este texto te dio un poco de ese "aire" que te faltaba al desconectarte aquel día, o la sensación de pérdida sigue siendo igual de pesada?

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