Todo pasa, todo llega
En la academia pre - cadete, siempre gritábamos una frase que me la digo a mi mismo cuando siento que el proceso hacia una meta es muy larga, "todo pasa, todo llega".
Cuando ingresé a esta chamba de construcción, me dije a mi mismo que aguantaría hasta donde pueda o hasta donde quieran los jefes. Juramentado de que lo aprovecharía al máximo, evitando faltar un solo día.
Hace unas semanas llegó esa prueba de fuego. Fui a trabajar con malestar, estando a un 10%. Me sentía pésimo. Pero dentro de mí mente, me sentí glorioso porque lo hice.
Una cosa es la teoría, y otra la práctica. Lo pensé en aquel momento sin tener la oportunidad de probarme si podía hacerlo o no, hasta ese día, al igual que hoy.
No me puedo permitir faltar un solo día. No me puedo permitir perder 100 soles, porque estar enfermo. Aquí entra la frase, "todo pasa, todo llega". La utilizo cada día de la semana esperando el sábado de descanso; cuando estamos cargando los materiales pesados, que hacen botar tanto sudor, que hasta los confundo con lágrimas; cuando aguantamos el hambre por producción o tarea; cuando nos golpeamos o raspamos el cuerpo con las latas y otros objetos; cuando pienso en llegar al final de los días de trabajo y decir, lo aproveché cuánto pude, y ahora es momento de emprender mi propio camino.
Y a eso, justamente, le tengo miedo.

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