Un padre en construcción. Aprendiendo de mis errores.

"Él tiene que entender que cuando no hay, no hay".

Eso fue lo que me dijo ella antes de responderle. ¿Qué es lo que no hay?

Esa cuestión me la hice después de pensar mucho en lo que le dije a mi hijo antes del disgusto. "Ya es tarde y tenemos que ir a casa".

Luego me pregunté, ¿Por qué le dije eso? ¿Es que acaso él tiene la culpa de que yo tenga que ir a cumplir con un horario laboral que detesto; que no haya aprovechado mi tiempo de manera productiva el antes de su existencia; que por su parte no haya podido disfrutar su día, y que por eso quiera al menos un rato jugar con su bicicleta en el poco tiempo que queda del día? Dándome como respuesta de que no es su culpa.

Después recordé en base a lo anterior, cuando una vez caminando por el mercado, él me pedía juguetes. En ese entonces, no tenía ni un bendito sol en el bolsillo, tratando de persuadir su insistencia, lograndolo con éxito.

En ese caso, lo que no había era dinero. Entendió lo que "no hubo".

Regresé al presente, y me dije, este es no es el caso, y me pregunté, "¿Qué no hay?"

Empecé a evaluar, diciéndome. "No me pide que le compre algo, y si lo fuera (saqué cuentas que tenía un par de soles en el bolsillo y en la tarjeta), tengo dinero. No me pide algo que no le pueda dar más que tiempo, y se lo estoy negando".

Recordando que antes de todo ese dilema, le dije, "ya es tarde, tenemos que ir a casa". Para luego dar media vuelta sin dudarlo y hacer lo que verdaderamente tenía que hacer.

Darle tiempo de valor a mi hijo.

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