El Complejo del Salvador
Compartir lo que tengo para con los más necesitados, es lo que siempre ha corrido por mis venas. Especialmente con los pequeños. Ya que a cierta edad, concluí que los adultos tanto como los ancianos, tienen y han tenido la oportunidad de cambiar su situación actual. Y si no lo hacen, es porque no han querido tener la capacidad para hacerlo.
Sin embargo, para los menores de edad, siento que un pan, desayuno, almuerzo o cena, es una gran oportunidad para sus futuros visionarios.
Una vez le dije a mi madre que quería compartir todo lo que tengo con personas que más necesitaban. Me respondió con una pregunta irónica. "¿Qué, acaso quieres hacer tu ONG?"
Por su parte, talvez ella esperaba una propuesta "auto productiva". Y, por mi parte, no supe que responder , camuflándome en el silencio pensativo.
Ahí murió uno de mis muchos sueños, y no es culpa de nadie más que la mía. Ya que no tuve la determinación suficiente como para entercarme con lo que anhelaba.
Creo que, desde mi experiencia, ahí es donde nace el Complejo del Salvador.
De querer dar lo que no tienes. De no tener ninguna ruta trazada de como obtener algo para compartirlo.
Por ejemplo, aquella vez en que trabajé de chofer para la pareja de uno de mis primos, en dónde nos fuimos a comer con sus hermanos y padres de este último. Una señora con su bebé en la espalda se acercó para ofrecernos caramelos, y al llegar a mi asiento, la invité sin pensarlo a comer junto con nosotros. No me di cuenta de que era yo el invitado de la familia, y fui osado al tomar esa acción.
Esto no son solo palabras, es un hecho real y se trata de dinero. Cosa que antes no pensaba de esa manera. Antes creía que podía compartir sin la necesidad de ambicionar, a lo jehová. Pero, por sentido común, no se puede invitar la comida que no se puede preparar.
Entonces, considero que antes de pensar en dar, (el cual es una cualidad muy benevolente y generosa que pocos tenemos), se tiene que pensar en ambicionar. No es una opción, es un requisito. El dinero es importante para todo. La codicia es el mejor aliado en estos casos.
No sé si estas palabras me hubieran servido en aquel momento en que buscaba un rumbo, sin saber que no tenía que buscarlo, sino construírmelo. En caso de no servirme, editaré este texto cuantas veces sea necesario para poder lograr mi objetivo.
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