El aprendiz eterno

¿No hay más que hacer?

En estos momentos y como en muchos otro, siento que no hay nada en que invertir mi tiempo. La pregunta del millón con ese dilema es, ¿eso es verdad? En apariencia lo es; pero, la realidad es que no es así. Uno, por las distracciones. La mente es muy débil cuando algo la distrae, la emoción quiere florecer y sucumbir ante las tentaciones. Evitarlas por todos los medios posibles no es una opción, es una obligación, inclusive hasta con la mente, para poder trabajar sin necesidad de sacrificarse, sino para sentir el placer del proceso al hacerlo.

Y, es que acaso, ¿Quién les habla es una bendita máquina que rompe esquemas de distracción y ocio? En lo absoluto. También caigo en el placer de la dopamina como si fuera una piedra en mi camino con la cual tropiezo a pesar de haberla visto. Sin embargo, ya no es como antes, en dónde creía que el esfuerzo que daba cada día, era todo el potencial que podía dar. Falacia mía.

Una vez, entre “pisco y nazca”, uno de mis primos me preguntó si estaba bien; le dije, sí; y en efecto, era así. Después, entre la conversa, entendí que, para su perspectiva, mis resultados no eran favorables en función de mis actos, que tenía que hacer otras cosas, decisiones y actitudes. Mi respuesta fue orgullosa (no recuerdo con exactitud lo que le dije, pero sí la intención): “cada día doy mi mayor esfuerzo. Estoy dando el 100% es lo que obtengo. Nadie me da ninguna oportunidad, más que señalarme. Entonces, ¿qué más puedo hacer, si estoy dando todo de mí?” Fatídica respuesta la mía, de la cual se pueden destacar muchas fallas y defectos. En conclusión, la frase es equivoca de por sí.

Pero, aquí voy a recalcar únicamente el tema que estoy tocando, el cual es sobre el punche diario que siempre creí darle. En, “cada día doy mi mayor esfuerzo. Estoy dando el 100% es lo que obtengo…”, fue una mentira, la cual me hacía creer rotundamente por mucho tiempo. No me di cuenta hasta después de meses, al ver constantemente muchos videos de millonarios; aquellos me hicieron entender de por sí que mi esfuerzo no era el que yo creí siempre dar. Desde ese entonces, empezó una nueva lucha contra mí mismo.

Y, ahora estoy acá, oprimiendo el ocio, evitando las distracciones, viviendo el presente, y priorizando mis deberes con uno de mis mayores placeres de la vida: ESCRIBIENDO.

                                           




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