El amor de padre también es infinito

Una semana después de haber nacido mi hijo, decidí ir de viaje, dando mi primer intento de negocio. Fue toda una travesía, sobre todo conseguir el pasaje, ya que era tiempos de COVID y no permitían viajar sin vacunas completas. Cuando por fin estaba en el bus interprovincial, echado en el pasaje, al costado de donde dormía el chofer, antes de descansar, pensé con melancolía en mi pareja e hijo porque no pude comunicarme con ellos por tener un celular antiguo. Inmediatamente, recordé que tenía la foto de mi recién nacido en la billetera, y, sin pensarlo, lo saqué y lo apreté contra mi pecho, imaginando que le daba un abrazo, como si de verdad estuviera encima mío. Fue una sensación muy hermosa, mi cuerpo reaccionó con una paz total, que me decía que todo estaba bien. Lo abracé, y terminé durmiendo con su foto entre mis manos y los latidos de mi corazón. No lo quise soltar.

Al día siguiente, me dije - no saben lo que se pierden aquellos padres insensatos que abandonan a sus hijos, a pesar de que sea justo y lamentable que sea así, pues, no todos tenemos la misma capacidad de amar, tal cual lo dijo, Marco Aurelio Denegri

Dos años después, teniendo dos trabajos y dejando el segundo por un malestar extraño, durante mi tiempo libre, mi hijo me pedía que juegue con él. Le expliqué, que si jugara solo porque no me sentía apto, el insistía, a pesar de mis intentos siguientes. Y, mirándolo a los ojos, entendí algo que hizo que mi alma se partiera como un espejo golpeado por un martillo, en donde no pude evitar las lágrimas, ya que no me dio tiempo ni siquiera de pestañear antes de hacerlo. Lo miré, hice una pequeña sonrisa y accedí a su suplica. "Es un niño", me dije. ¿Cómo se me ocurre intentar explicar mis problemas de adulto a un inocente? TE AMO, le dije, y lo abracé. Por último, me puse a jugar con él, y no saben lo bien que la pasé.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La policía de hoy en día

EL CAPITAN ASESINO

LA PRESBICIA DEL CORAZÓN