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Mostrando entradas de diciembre, 2024

El Complejo del Salvador

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Compartir lo que tengo para con los más necesitados, es lo que siempre ha corrido por mis venas. Especialmente con los pequeños. Ya que a cierta edad, concluí que los adultos tanto como los ancianos, tienen y han tenido la oportunidad de cambiar su situación actual. Y si no lo hacen, es porque no han querido tener la capacidad para hacerlo. Sin embargo, para los menores de edad, siento que un pan, desayuno, almuerzo o cena, es una gran oportunidad para sus futuros visionarios. Una vez le dije a mi madre que quería compartir todo lo que tengo con personas que más necesitaban. Me respondió con una pregunta irónica. "¿Qué, acaso quieres hacer tu ONG?" Por su parte, talvez ella esperaba una propuesta "auto productiva". Y, por mi parte, no supe que responder , camuflándome en el silencio pensativo. Ahí murió uno de mis muchos sueños, y no es culpa de nadie más que la mía. Ya que no tuve la determinación suficiente como para entercarme con lo que anhelaba. Creo que, desde...

La intención es lo importante

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Hace un año, regalé a unos niños que vendían en un semáforo, el panetón que me habían obsequiado en la empresa para la que trabajaba. No olvido aquellas miradas de intriga, felicidad y sorpresa. Especialmente del pequeño que devolviéndome la mirada le decía a su hermano, "¡Nos regaló un panetón!" Cómo si fuera algo grande que le habrían dado (cosa que talvez no es así), pero la intención si lo es. Hoy me acaban de dar mi canasta, y lo primero que se me viene a la mente es el mismo pensamiento que tuve hace un año: regalarlo a personas que "verdaderamente lo necesitan". No me grabé, porque siento que esa no es la intención. Quise hacerlo, se me vino a la mente. Recordé a Mr Beast y al video que le dio el salto a la fama. Pero yo no soy él. Soy yo, Frank Cabana.

Un padre en construcción. Aprendiendo de mis errores.

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"Él tiene que entender que cuando no hay, no hay". Eso fue lo que me dijo ella antes de responderle. ¿Qué es lo que no hay? Esa cuestión me la hice después de pensar mucho en lo que le dije a mi hijo antes del disgusto. "Ya es tarde y tenemos que ir a casa". Luego me pregunté, ¿Por qué le dije eso? ¿Es que acaso él tiene la culpa de que yo tenga que ir a cumplir con un horario laboral que detesto; que no haya aprovechado mi tiempo de manera productiva el antes de su existencia; que por su parte no haya podido disfrutar su día, y que por eso quiera al menos un rato jugar con su bicicleta en el poco tiempo que queda del día? Dándome como respuesta de que no es su culpa. Después recordé en base a lo anterior, cuando una vez caminando por el mercado, él me pedía juguetes. En ese entonces, no tenía ni un bendito sol en el bolsillo, tratando de persuadir su insistencia, lograndolo con éxito. En ese caso, lo que no había era dinero. Entendió lo que "no hubo". Reg...